Archive for 2014

Magdalena



Le vi en las colinas, mi colina
inmensa y toda enverdecida,
mi cordillera, la más fuerte de las montañas
ella la corriente de aire que corta el silencio a donde voy.

Es la voz que sale de mi cabeza,
atraviesa mi estómago con la fuerza de un huracán,
no puedo verle cuando da vueltas sobre mí
es la fuerza que mueve mi pecho, que quiebra mis huesos.

Es el verso que salió de las manos del usurero,
viejo que caía donde solían flores antes del invierno,
ella es el océano, tan bravío y temible,
es la crispada ola estrellándose en el puerto,
es la revelación de San Juan, el fin venidero;
llave y puerta, preciosa Magdalena.

Por Junio



Mi amado Señor, puse los quicios a la altura de la tormenta
y pulí mis tierras, las llene de algodón;
así que espero su respiro, llegar desde la más crespa montaña
y estaré aquí de pie, y aquí estaré después.

Mi amado Señor, me encargue de todas las palabras que no había dicho,
las encajone frente a casa y las hice camino,
tuve el tiempo de mi lado y me fui hasta el siguiente día,
vino el joven de pie sangrante y tomo lo que pudo,
y me tocaste con su manto para saber de su dolor.

Mi amado Señor, ame a todos aquellos hombres,
tome sus llaves y cerré todas sus puertas,
supe que estaba encerrado, después de tanta quijada quebrada
y el resto de mi era tan solo polvo, arena que volvía al creciente mar.

Rainy Day Bastard



Al tiempo de las lluvias y el abrazo de la brisa, los niños lloran los jardines

zarpe cuando el huracán amenazaba tan solo para encontrarle
pude ver las nubes amontonarse y gruñir con furia
los lamentos de los hombres que allí habían hecho su nombre

al tiempo del sonido de las campanas y de los fieles apenados,
salí esa mañana.

Cruce por la marea taciturna engañada por olitas
y cruce por las sonrisas de los haraganes
de quien me recordaban al tiempo, el tiempo en mis manos
tan suaves y nuevas

olía a arena cada una de mis alabanzas
al Señor de la sal y la venganza

después de catorce días de demasiada confusión
pude hablar decentemente con mi suerte
estaba acurrucado en el fondo de mi nave
subiendo y bajando con el océano
siendo agua pero no tristeza.

El sonido de los cardúmenes se hacía silencio con las palabras que salían de mis labios secos y llenos de paciencia y el sonido del respeto por la corriente

que surca del este hacia el norte

entonces pude descubrir lo lejano que me encontraba de todo lo que llegue a conocer en alguna parte y entonces pude conocer que estaba pasando,
que me había ido cuando estaba de regreso.

Volví una tarde de febrero lentamente entre la niebla
con los sueños en los puños y los años en la mente

pero quienes me dijeron que me fuera estaban de pie allí
con sus caras un tanto enfadadas
y levantaron sus manos cuando quise dar palabra

solamente me dijeron que mis días estaban contados
así que volví al mar con la cabeza agachada
aquel imperio que había conquistado
y que me había perdonado.

Seguidores

Ten la decencia de acreditar lo que de aquí te llevas. Por su atención, gracias. Con la tecnología de Blogger.