Archive for septiembre 2012

Arthur




Arthur Rimbaud fue un gran amigo mío,
Caminábamos horas eternas por las calles muertas,
Le encontré recostado en una esquina
Mientras yo trataba de abrir una puerta;
Se acerco con sus manos débiles
A pedirme una parte de lo debido;
Y entonces él me enseño, suavemente,
Una canción para poder dormir.

El murió en mis brazos
En el tiempo de los rosales tibios,
Le hable de cuanto le ame
Y el secreto de sus mares fue testigo,
Su fantasma me sigue
A través de los millares de pensamientos,
Él sabe que sus palabras
Son la penumbra de lo que sucedido.

Después de cien años
Le volví a encontrar con sus brazos cruzados,
El trato de venderme un arma
Y me presento a toda su hueste,
Pero yo le maldije
Y corrí de los hombres a su alrededor,
Pero el maldito era yo
Con los pies en la tierra equivocada.







-Nouvelle Cano-

Fácil 3




Mire por la ventana, cariño,
Kilómetros atrás en la campiña;
Pude saber
Como es el color del viento;
Si mañana justo allí, me dieras muerte,
En la cima de la colina
Estaría allí con él.

El amanecer es justo
Cuando se asoma por las pestañas,
Y el atardecer es mágico
Con sus colores durazno y gris;
La lozana ternura de la pérdida
De lo que se pudo vender,
Es la culpa del mendigo
Que solo vive para sí.

El invierno ahora viene
Con sus brazos terribles,
He tratado de decírtelo
Pero estas del otro lado,
No te preocupes por mí, cariño,
No dejes de escuchar mi voz,
Ahora que estas en la cima que
Pronto será el fondo para mí.














-Nouvelle Cano-

Plagio




El dibujante llevo círculos
Al exterior de sus muros,
Pregunto por los tragos
Que se derramaron sobre las sabanas,
Y ella muy amablemente
Recogió las ropas del suelo,
Enterró su corazón
Y regreso a la ruina de su escape;
Justo mañana, las tardes del café
Estarán atrapadas en la caja de cigarrillos,
En los cánceres del ayer.

El literato estuvo en la ventana
Con la máquina de escribir sobre sus piernas,
Las letras en sus oídos
Pero con la lengua dormida,
Y estuvo esperando la carta
Del editor oculto en Nueva York,
Pero recibió unos cuantos regaños
De los gatos de la madrugada,
Lentamente se acerco al final
Para asegurarse que sus visiones eran solo notas al pie.

Astrid estuvo en su silla
Con las piernas cruzadas,
Ella estaba mirando a los apostadores
Bebiéndose la vida en bocanadas,
Y estuvo lamentándose
Por décadas de todo lo que quiso hacer,
La estupidez es el precio
De quien necio siempre fue;
Quizás un día, en las penurias del velatorio
Ella de media vuelta para apagar las luces que nunca encendió.

El gran juez se perdió la noche anterior
Con sus abuelos en las calles del Centro,
Estuvieron bajo influjos de la luna azul
Y los desvaríos de lo que se pensaba,
El les disparo la tercera noche
Justo antes de tener el control,
Las avenidas centrales
Son arterias tapadas de contaminación;
Un pretexto para sucumbir al hambre
De lo que se mueve en las raleas que tanto se presume no ver.

La senadora estuvo soñando
Con su amante todas las noches,
Ella estuvo regalando boletos
Para su boda que sería pronto,
Pero el agua subió hasta su cuello
Y la ahogo estrepitosamente,
Dejo la llave abierta
Cuando en su tina ella durmió;
Astutamente, puso la soga firme
Justo antes cuando el grillete amarro a su fe.

Ahora las mujeres de los pasillos rumoran
Sobre que apostaran esta vez,
Tiran sus monedas al aire
Acerca de los amantes que se han vuelto extraños,
Ellas conversan mucho
Sobre la esperanza que se gesta en la fémina que se arrodilla ante cualquiera,
Ella luce justo como yo
Y se encuentra satisfecha,
Muy lentamente, su rostro por el mío,
Para echarse encima lo que se supone debió hacer.

También el juerguista se acerca a la celebración
Lamentándose del tiempo perdido,
Ha tomado sus medicinas
Y unas copas de Gin,
El aliento que se escapa de la fuga
En lo extraño de la mente,
Rincones de sollozos
Que rellenan los que vacío fue,
Oh, amigo mío, dime que fue de nosotros,
Atrapados en una Edge con el blues de Memphis otra vez.

Avergonzada la nueva dama
Que se acerca a los brazos,
Huracanes en sus labios
Y mieles en sus ojos,
Ella dijo ven por mi ahora
Estoy tan cerca de aquello que buscabas,
Pero él dijo tú no puedes saber,
Una cosa es lo que se quiere y otra lo que se necesita,
Y ella estuvo allí mirándole irse
Tan impotente de todo, tan triste como ayer.

Los caminos que convergen
Catorce años después,
En los ríos de la furia
Y el dolor de la borda,
Huelen perfectamente a nostalgia
A los vasos rotos y la ceniza,
Estuve allí pacientemente
Mirando por la ventana todas las noches,
Pero las ventanas sirven para dejar entrar
Y también para escapar,
Se pensó dos veces en las aguas de la ciénaga;
Justo cuando los parpados pesaban y se habían vuelto a caer.













-Nouvelle Cano-

Aproximadamente 7 Oportunidades




Si, camine detrás de los nubarrones,
Detrás de las condiciones que se habían impuesto gloriosamente;
Y mire a la cara al hijo de perra que me había condenado
Cuando alguien me apuñalo por la espalda,
Y entonces
Hubo barullo
En los alrededores de los arboles oscuros,
La tarde
De cielos naranjas
Que se pueden saber a melocotón.

Entre a las pericias de los huracanes que se aventuran a la tierra,
En la arena que se escurre sobre el hígado cada madrugada,
En la porta sintiendo el cambio de uno por otro,
Cuando la mitad de nosotros se quedo solo en ti;
Y entonces
Despacio
Escuche como ardías en llamas,
Y luego volviste
De rodillas
Usando las ropas que acababa de dejar.

Soñé con la mujer de ojos aceitunados
Tomándome de la mano y manejando un Cadillac,
Ella me llevo a los rincones de su habitación,
Y sus fuertes piernas me dejaron
Cansado y un poco orgulloso,
Y entonces
Desapareció
En las penumbras del beso de buenas noches,
El misterio
En vano
Moviéndose por el encaje y los vestidos de flores de ayer.

Los perros que han huido de la aniquilación
Se arremolinan en los callejones del mundo entero,
El planeta giró a otra mañana
Pero para ellos el futuro ha llegado
En formas cada vez más extrañas;
Y entonces
En las noches
Los aullidos se confunden con las sirenas,
Escuche
Sus llantos
Ahogados en tanta emoción sumergida.

La primera vez que se toca el fondo de la piscina,
Los pies resbalan y ahogan a la garganta con un poco de realidad,
Donde se encuentra lo peligroso
Es que uno no quiera volver;
Y entonces
En los océanos
Se ahogan santos y demonios,
Justamente
A las tres de la tarde
Cuando se supone ellos lo puedan ver.

Los errores que debilitan al cobarde en sus diplomacias
Son el exceso de lo que había sido exagerado,
Es difícil tratar de ir contra el viento
Con el gesto idiota en las mejillas,
Y entonces
Cuando se pierde
Hay que comenzar los tratos,
Para que,
Porque
Se trate de evitar la miseria que no se logra saber.

Si, camine detrás de los nubarrones,
Con un montón de flores en la mano izquierda,
Pacientemente me senté en la orilla de fuente
Cuando alguien me apuñalo por la espada,
Y el bastardo
Allí estaba
Con la mujer más bella que había visto,
Y entonces
Se pagaría con sangre
Pero no con la mía.











-Nouvelle Cano-

Mucha Palabra




Cuando tu madre te hablo de todas las ilusiones
Y tu padre se escondió detrás de las cortinas,
Tú tomaste todo aquello
 Y lo tuviste siempre en tus obligaciones;
Porque no vienes y nos perdemos de una vez?
Porque no te sientas y te quejas de lo que no fue?

Ahora, las flores en los cabellos de las mujeres en verano
Debajo de las lluvias torrenciales y las tormentas demenciales,
Son arcoíris que se huelen a paraíso
Y a la lozana ternura del joven amor que se derrama en las miradas,
Pero tu corazón está enfermo
Es como un niño que no conoce el camino de vuelta a casa,
Porque no regresas por los pies que te llevaron allí?
Porque no te marchas y te dejas de aquí?

El fantástico mundo de las cosas que se desvanecen en el aire
Cobrando comisiones por haber existido,
Y los muertos se llevan las televisiones
Mientras los cortes comerciales se han terminado,
Tan estúpidamente te has quedado mirando
Como siempre lo has hecho,
Porque no cerrar los ojos de una vez?
Porque no vienes a verme querida mía?

Los vicios y las fiestas de ayer son hipocresías
Que tú misma te has inventado,
Nada hoy es distinto
A todo lo que habías hecho enloquecer,
Pero las reglas marcan que tus conclusiones
Tendrán que ser drásticas,
Porque no me llamas esta noche, dulce tranquila?
Porque no me dices que estuviste afuera de mi puerta?

Después todo ese amor que has estado profesando sabrá a amargura
Porque no se saca azúcar de caña seca y roída por el tiempo,
Los brazos abajo con los puños apretados
En contra de todo en lo que habías tenido fe,
Pero no has perdido nada
Si justo antes no habías tenido aquello,
Porque saludas el ejecutor dulce mujer?
Porque no ahogarse en la saliva propia antes de venir a verme, otra vez?













-Nouvelle Cano-

Irregular




Al tiempo en que los relojes se detuvieron
En los días en los que el viento eran suspiros que iban de este a oeste,
Los murmullos corrieron por el aire
Como huracanes de fuego entrando en la costa, en tu playa,
Las olas llegaron y golpearon tus suaves arenas
Y el sonido del romper era tan solo un pretexto,
Porque el agua es salada y no se puede beber
Desde cierto punto de vista.

Una vez que las mujeres de la medianoche
Llegaron a la celebración, entre cigarrillo
Y sonrisas maquilladas,
Pude ver como corriste hacia el balcón a mirar la luna azul
Cuando los niños dormían en tu regazo,
Y el pesado pasado ahora se volvía confuso
Porque todo aquello había sido una farsa,
Las mentiras del persecutor, de quien  había robado las joyas de la noche
Eran solo palabras de tu misterio.

Quizás el tenue sonido de los automóviles en la avenida
A kilómetros de las sabanas,
Los cafés en las mesas del parque y los algodones
Que se soplaron en la eterna primavera,
No encuentran diferencia en su manera
De marcharse ni tampoco de extrañarse,
Porque alguna vez que se ha tocado
Y que se ha dejado ir,
Es el precio que tienes que pagar
Por haber estado viendo y no mirando.

Al tiempo en que los espacios se redujeron
En los ojos de quien dormitaba en su atalaya cada madrugada,
Y cuando los sueños de los suelos
Eran la esperanza del insomnio,
Pero los pedazos de noche que se sirven con cierta gracia
A las doce cincuenta y uno,
Cuando las necedades son necesidades,
Lo simple del movimiento de las manos
Al tapar los oídos y no atentar contra el nombre,
La dulce ignorancia de quien se viste elegante
Y el patético gesto en la cara,
La conquista de los días
En caballo de Troya.







-Nouvelle Cano-

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