Seis Letras

by SUZE




Vi a sus pasos ligeros como los de un felino silencioso a media noche entrar en la mente de quien distraído estaba, hablo acerca de los humores que se corren cuando las mañanas se han vuelto de piedra y no hay nada más que las haga girar, llevaba en su regazo un enorme saco y un pedazo de un libro francés; si, tenia los bellos ojos brillantes que zurcían el viento al cerrase, los labios rojos y ese maquillaje que le dejaría en la miseria, y después se sintió asustada por haber escuchado, que todo aquello se trataba de la cresta, de la punta de lo que aún faltaba descender.

Se tardo quince minutos frente al espejo mirándose el cabello, moviéndolo de un para allá para acá, pensó que era una ventana en la que tenía que repasar las palabras y todo lo que se supone tenía que hacer, sintió pena por lo profundo de su tristeza, estuvo allí balbuceando débiles metáforas acerca de cuan fuerte es su amor, fue la primera vez que sentía a la médula volviéndose carbón, el estomago hecho vueltas en huracanes de vergüenza y cinismo, pero ella; salió por la puerta dispuesta a darlo todo por seis letras.

Pude verla despedirse de todas las leyes que ella misma había puesto para las calles en donde pasea los sábados, con cincuenta nombres diferentes bautizadas cada fecha en que se le caía la piel, seguramente estaba buscando por el diablo para volver a apostar, pequeños favores que se motivaban por la pereza del agua de las alcantarillas, los autobuses que se escabullen tras las esquinas, y las puertas que se caen al ser tocadas por la mano delicada, y las promesas de que todo será mejor, y la respuesta que se encarcelaba detrás del paladar.

Y allí estuvo de pie, muy dignamente, con su vestido de círculos esperando por el automóvil de su hombre, a las diez de la noche, pensando en que poco se había entendido para afuera cuando se hablaba de dientes para adentro, y las personas estaban ahogándose en los océanos por seguir la corriente, mientras que los santos milagros se vuelven realidades cuando se tiene fe, y que el humo del destino puede ser niebla que se vuelve rocío, y que uno no se equivoca más bien se toman diferentes caminos, y que al releer los cuentos se percibirán diferente, pero ella sabe que el final siempre es el mismo, pero allí estaba: con sus arcas vacías sin nada que perder.

Las venas del cuello se inflamaron como pistilos en primavera, ella probablemente no podía creer que daba vueltas con sus manos en las rodillas, necesariamente y profundamente los órganos estallarían, y las respiraciones eran rápidas, y ella seguía en la mente del distraído volviéndose un huracán, mirando por las pestañas encendidas de tanta ira, amante desesperado por qué todo eso no eran más que por las seis letras que sabía muy bien.



Para una mayor comprensión:

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-Musa Missoni-