Hilemorfismo

by SUZE




Cada mañana cuando el canto de la luz entra
Por cada pupila aun adormecida,
Imágenes de viajes que terminan al doblar en la esquina,
Ciento setenta y cinco días juntos, uno del otro en el mismo camino,
Lo suficientemente cansados de llevar las mismas ropas,
El gesto de desconsuelo en los ojos sentados a la orilla de la acera,
Esperando por encontrar la siguiente causa que sea como una costa,
De ese mar de un profundo azul;
De una profunda tristeza.

Estuvimos dentro de todo de lo que nos prometieron, cuando éramos buenos muchachos,
Ayudamos al débil a tomarse un descanso de sus grandes cargas,
Estuvimos de frente a los automóviles en la gran avenida
Dispuestos a encararlos en caso de emergencia;
Pusimos la mejilla en varias ocasiones para recibir agitadas palabras,
Dijimos que después de todo mañana sería un buen día,
Saliéndose un tanto de la línea de vez en cuando
Uno ya nada piensa, solo siente.

La vorágine de la pesada circunstancia, junto al embriagante éxito,
Llevamos a los reyes en hombros esperando el momento de dejarlos caer,
Mentimos acerca del paraíso, nunca habíamos estado en el,
Supimos llorar por ellos y que ellos después lo hicieran por nosotros,
Mientras caminábamos, uno de izquierda y otro en derecha,
Casi en sentido contrario,
Estuve diciéndote que tuvieras cuidado,
Porque después de todo
Aquí es en donde tú empiezas y yo he terminado.

La caída de los ángeles del falso lugar en el que estaban,
Jurando amor y perjudicando a quienes ya habían obtenido su lugar,
Estuvimos por allí mendigando por unas monedas,
Necesitando un buen trato para poder necesitar otra vez;
Estando a la orilla del camino encontramos el rostro de cada cual,
Lleno de polvo y con los ojos llorosos de tanto viento cruel;
Como si nos quitaran todo lo que queda,
Pero de eso
Ya no hay nada.

Corrimos hacia la siguiente calle con unos cuantos futuros en las manos,
Pero allí el hombre de la corbata negra nos los intercambio por una más firme ilusión,
Silencioso se adentro en nuestra mente, abrió todas las puertas,
Nos llevo a una conciencia casi poética y muy poco romántica;
Había un hueco en sus palabras, frías y despiadadas,
Pero lo suficientemente dulces como para darle esa pequeña ternura,
Que más que ingenuidad
Es una profunda tristeza.

Estuvimos pidiendo un poco de auxilio, una pequeña ayuda del lector de manos,
Estuvimos volviéndonos piedras listas para ser erosionadas,
Poco ha sido suficiente para esta hambre insaciable,
Demasiado extraño que de aire uno crea que ha tenido un banquete,
Sentimos demasiada presión en los pulmones
Como para querer seguir intentándolo,
Corrimos, otra vez, esta vez, hacia el bunker del corazón,
Que se había derrumbado al primer soplido del lobo.

Ahora estamos de regreso en las injurias que nosotros mismos dijimos,
Estamos barriendo el suelo para descubrir las ilusiones menos pretensiosas,
Y después de todas las decisiones, incisiones y pocas conclusiones,
Allí están las posibilidades de unir el punto de vista,
Pero es demasiado tarde, hemos tenido que separarnos,
A mitad del camino nos volveremos a ver, seguramente,
Para que pueda decirte, que ya te había dicho,
Que cuando tú empezabas yo ya había terminado.

















-Capuccino Mendoza-