Jolene #98 (26/01/11)

by SUZE


Jolene dibujo círculos,
Para abrir las puertas de la mente,
Mientras bebía cicuta,
Mientras decía que ya no podía hablar,
Y se desmayo suavemente,
Consumando sus rituales,
Que finalmente han sepultado su corazón,
Y ha hecho que susurre que no hay nadie más;
Oh! dulce dama,
No quiero que parezca una indiscreción,
Deje de respirar mi aire,
Para estar atrapada dentro del universo otra vez.

Temprano, casi de madrugada,
He escuchado su temblorosa voz,
Palabras en francés alcoholizado,
Enunciados de pasión embriagada,
He recibido su mensaje,
He encontrado sus manos desesperadas,
Le robo un poco de aliento,
Pronunciando que no voy a volver,
Esta mañana,
Muy cercana a una muerte parcial,
Le he dejado esperando,
Le he dejado llorando sin saber porque.

Jo ha tratado de seguirme,
A cualquier lugar,
Ella no presume de discreción,
No presume de beber vino costoso,
Siempre le avisto a la distancia,
Pero le dejo que siga detrás de mí,
Escuchando mis mentiras,
Comiendo la ceniza de mis cigarros,
Tan desagradable,
Que se halle hurtando mi piel,
Para hacerse un refugio,
En donde la lluvia nunca pueda saber quién es.

El gran juez murió la semana pasada,
Dejando solitario su cargo,
Cualquiera desde entonces ha matado a quien le parezca adecuado,
Pero Jo se mantiene quieta,
Manteniendo un majestuoso control,
Pero todos saben lo que le pasa en la calle principal,
Al ver caballos con estribos de lo mejor,
Sin necesidad,
De saber que realmente existe una solución,
Para que podamos estar juntos,
Sin querer alguno no amanecer.

Los cuatro reyes se hayan perdidos,
Buscando un lugar para orinar,
Buscando más cervezas,
Necesitando una razón,
Y los cuatro hablan de sucio amor,
De lo doloroso de la traición,
Y uno de ellos recuerda a Jolene,
Y a sus ojos que disparan solo ilusión,
Oh! Dulce dama,
Este podría ser tu final,
Porque este rey errante se equivoca,
Este rey se ha olvidado de ti.

No se puede volver al pasado,
Ni preguntar algo acerca de él,
Entre líneas delgadas que se quiebran,
Entre muros difíciles de traspasar,
Jo descubre que no existe nada por lo cual llorar,
Ni nada por lo cual ocultarse,
Pero no entiende que yo no soy sombra,
Y que no podría serlo alguna vez;
Se engaña,
Sueña con que algún día moriremos en un accidente,
Pero los accidentes no existen,
Los accidentes son razones por las cuales no tener fe.

Jolene vuelve a dibujar círculos,
En los cuales entra para danzar,
Música que no se escucha,
Que hablan de lo fuerte de sus medicinas,
Como un imbécil le admiro,
Su capacidad para no estallar,
Y da un trago a botella,
Y se le ve satisfecha,
Saliente su sonrisa,
De entre todo el caos,
Se encuentra tan drogada,
Que se ha olvidado de quien soy.

La ruta numero sesenta y uno,
Ha llevado a Jo a un agujero sin final,
Como un pozo que no deja respirar,
Como una luna de miel sin glamour,
Y ella dice: vamos cariño!
Cuál es el precio que debo pagar,
Tú sabes que es lo que puedo desear,
Pero no lo que necesito en verdad,
Nadie responde,
Y nadie le puede ver,
Que se haya gritando a la pared,
Hablando con la acera sobre cuánto puede perder.

Ahora los muros del callejón somnoliento,
Se encargan de cubrir la vergüenza,
Que Jo detecta perfectamente,
Y que sabe que es capaz de superar,
Se ha olvidado de mi nombre,
Espera por un vendaval que valga la pena,
Que le haga descartar la podredumbre,
Una triste e inútil pena que cargar,
Oh! Dulce dama,
De otra manera no podría ser,
Me había relegado de este mundo,
Pero nunca podría alejarme de usted.





- Demetrio Wilbury Kauffmann de la Soledad -