Surrealistic Pillow, Parte 5: Nueva Orleans. (28/06/10 - 07/08/10)

by SUZE


Sufro de una necesidad perturbadora,
De café y galletas de mediana calidad,
Y en el “Cherry’s Bomb” se pueden obtener;
De próxima distancia, de suelo derrapante,
Puede verse a las palomas arrejuntarse en las ventanas,
Para ver a la bella mesera de pantalones negros,
Polinizando a los clientes con su escote,
Con sus dientes blancos como perlas;
Y ahí se encuentra el jefe de la policía preguntando por la hora feliz,
Que se le esta agotando la certeza, sus intenciones de amar,
Trae en su mano izquierda un arma, y en la otra a su mujer,
Pero nadie se percata de su presencia, danzante la cordialidad!
Así que decido marcharme, pretendiendo no conocerle,
Pretendiendo no haber mirado aquel exquisitamente vulgar escote;
Previniéndome del espectáculo de perversión criminal,
Entonces se escuchan disparos precisos,
Se escuchan agradecimientos perdidos,
Tengo mi dosis de brutalidad diaria,
Pero aun poseo la necesidad perpetua:
De cafeína y harina orneada; de sentir que llevo algo dentro,
En el camino a Nueva Orleans.


Camino a pasos ligeros, suavemente sobre el asfalto,
A través de agua estancada que se ríe,
Esta feliz de permanecer inerte, agujereando reflejos pasajeros,
Y se preguntan si tendré cigarrillos,
(Los reflejos no el agua moribunda)
Para compartirlos en la cena de navidad,
Después de trescientas horas de platicas conciliadoras,
De conversaciones ineficientes, mas pavo menos ensalada,
Y es que su incapacidad en la terapia de grito primario;
No se refleja en sus rostros, vaya paradoja moral,
Y somos sorprendidos por la mañana,
Que baila rituales de salvación,
Para ellos, para mí, por la luna nueva,
Con sus manos a manera de pañuelos,
Y con los ojos invocando al suelo;
Oscura la magia que corre por sus venas,
Maligna la intención de despertar a los malvivientes,
Alejándolos de todas sus sentencias pendientes,
Causando que las aguas suban de su cauce acostumbrado,
Como si volviera a comenzar el diluvio temerario,
Dejándome cubierto hasta las rodillas,
En el camino a Nueva Orleans.


Un Opel convertible color perla, vaya masculinidad!
Se acerca en sentido contrario, de reversa, pleonasmo,
Tratando de ocultarse del fuego, de sus brazos fuertes,
Atemorizado por la crueldad de sus manos pesquisantes:
“Que te roban la fuerza, que te llevan a fuerzas,
Ejerciendo justicia cruda,
Como cuando te han roto el corazón,
No puedes evitar quebrarte en publico cuando eres descubierto”,

No he escuchado el doble recado,
Así que sigo de largo,
Razonando sus tristes palabras,
Devenidas de la desesperación,
Mientras veo una llamarada áspera fulminante,
Y más gritos, más sollozos insoportables,
Cuanta violencia en estos tiempos ácidos,
Antes todo era tan sencillo, tan práctico,
Pero el nostálgico muere a manos del tiempo,
Entonces no pensar más en el pasado,
Pasado que seguramente nadie recordara,
Y tropiezo pensando en ello:
Mensajes ocultos del tiempo,
Sorprendiéndome a cada momento de ocio,
En el camino a Nueva Orleans.


El suelo que piso siempre ha mostrado cierto orgullo,
Devorando mis ideas que no son atrapadas en papel,
Y piensa que lo miro constantemente sintiendo su llamado,
Pobre chico, tan solitario creando ilusiones,
Pero he aprendido a aprovecharme de el,
Y le pido opiniones acerca del clima,
Sin embargo el suelta frases románticas, idílicas, aromáticas,
Y pierde la atención,
Como un niño con la boca atiborrada de panques,
Entonces me pide disculpas,
Y me ofrece los millones que tiene en el banco,
Como todo un as de la religión,
Pero conozco el acertijo en su débil persuasión;
Quiere hacer sentirme culpable,
De que he olvidado la celebración del día de muertos,
Sin haber esculpido un altar,
Sin siquiera recordar su nombre;
Pero se que puedo rescatarlo de su mezquindad,
Entonces le digo que ya no es mi amigo, y comienza a gemir,
Se preocupa por sus mañanas, sin tener a alguien con quien hablar,
Entonces me vuelve a pedir disculpas,
Sin contabilizar el dinero de mi bolsillo,
En el camino a Nueva Orleans.


Mi sombra se me ha adelantado,
Desviando el camino hacia Los Ángeles,
Añora viejos recuerdos, mujeres de Sunset Strip,
Y yo no se que hacer cuando suena la señal de alarma,
Anunciando la sublimación, de mí sombra,
Acompañada de un cuarteto de cuerdas;
La persigo siguiendo el sonido de la música,
Pero ella me ve con el rabillo del ojo,
Subestimando la velocidad de mis pensamientos,
Continúa acelerando el paso,
Abre una sombrilla nueva, de playa,
De cena con la Reina Elizabeth,
Y ella misma coquetea con la negrura cruel,
Ella ha caído rendida a sus pies,
Por distraída y encantadora,
Que ahora desea darse toques eléctricos, para olvidar quien es,
Y es que es tan pesada la carga de mis días de ayer,
Que ya no puede con ellos,
Entonces cae desmayada en el pasto gris,
Producto de la civilización,
Imperecedero al tiempo; brillante naturaleza,
En el camino a Nueva Orleans.


Aquella ciudad es un sueño, recurrente en mis noches de Abril,
Llenas de aguas atlánticas, aguas del rio melódico,
Pero no descubro la respuesta a su instinto,
No logro conocer la razón al olvido de su senectud,
Y es que mis pestañas nunca han viajado a este lugar,
Porque contantemente se despiden de mí, yéndose a vacacionar,
Murmuran que debería no hacer casos de mis epifanías,
Que deje de revolcarme en mi mugre,
Esa suciedad es lo único que me queda, triste mentira!
Además de la complejidad de mis huesos,
Y jugamos a ser ermitaños poderosos,
Espíritus libres rogando perdón,
Añorando una canción de alegres rimas,
Y el viento sopla despacio y paralizado,
Atropellando mi quietud,
Despertando de mi aletargamiento, descubriendo la respuesta,
Viajo lentamente a cuestas del mundo,
Para liberar unos cuantos recuerdos,
Y sentir que soy libre de pretensiones,
De esas que me invaden este noche,
Solitario sentado a un lado del asfalto;
Escuchando hablar a Emily Robinson acerca de madres de asesinos,
Mientras un violonchelo arde en llamas;
En el camino a Nueva Orleans.


Las aves cuales automóviles en autopista,
Invaden la ciudad durante la tarde,
Resulta triste ver hasta donde hemos llegado,
Al destruir el vientre de la naturaleza;
Sin pensar en las planicies solitarias,
Las hemos llenado de inutilidades comerciales;
Y las calles se deshidratan cada segundo,
Egoístas perdiendo el tiempo, desabotonando sus camisas,
Esperando amamantar a la lluvia que cae,
Como la luz de la lámpara alumbrándome a mí,
Enciendo un cigarrillo con su resplandor,
Esperando ser correspondido,
Pero ya no me contesta, esta entretenida con un laúd,
Y después de ella no tengo confidentes,
Que no me evidencien ante los olvidados sentimientos de culpa,
Acaecidos en cada palabra frágil,
Y es que nada que pudiera detener seria detenido,
Por mis débiles cuerdas para pescar,
Irremplazables miembros de mi pasado inmediato,
Diciéndome que soy lejano,
En el camino a Nueva Orleans.


Extraño a la noche y a sus intransigencias instantáneas,
Al chascar de los dedos, con la frase mágica,
Extraño a sus nubes que traían buena suerte,
Y extraño los días en los que no necesita de ella,
De sus modos utilizando mi torpeza,
Para evitar que conociera a mi único brahmán,
Que siempre me advirtió de su presencia,
Dejando pétalos de flor de loto en mi buzón,
Pétalos que desayunaba con miel, esperando la salvación,
Pero las mujeres y country nublan mi visión,
Me detienen en mi ronda al cielo,
Y no tienen idea de cómo se los agradezco,
Sin ellos estaría llorando, extendiendo la mano a cualquiera,
Como aquellos ebrios de la calle 45,
Que quieran hacerme cruzar puente que dejaba caer todo de el,
Pero le he dado mi televisión a blanco y negro,
Hemos hecho una tregua antes que nada,
Mi cajita de risas por unos cuantos pasos seguros,
Que podría perder?
Y por ello he vuelto aquí, a seguir esas extrañas señales viales,
Que dicen que esta prohibida la vuelta en ciento ochenta grados,
Y que solo Shell tiene membrecía para darme algo que comer,
Me da un blues de Memphis por decima octava vez;
Lo recito a manera de mantra que me hará sanar las heridas,
En el camino a Nueva Orleans.


Puedo ya oler el agua dulce y los estofados de carne de cocodrilo,
Puedo sentir vibrar al Dixieland en mi piel,
Tengo perspectivas de remembranzas pasadas,
Batallas en cuartos de algodón y agujas,
Creo que necesito cirugía, creo que necesito ayuda especial,
Por el esbozo de la sonrisa de Diego Rivera descubro mi enfermedad,
Esbozada como una pared memorial,
Debajo de los pies de la Coatlicue se encuentra la frase:
“todos cazan su propia muerte,
Cuidado que se acerca la Llorona,
Dale monedas y evita sus bragas,
Que te hunden en el mar”
Pero no hay manera de que ella me siguiera hasta acá,
A orilla del rio Mississippi que canta otra melodía,
Que no tiene sufrimiento en su ser, ni siquiera para añorar,
Diciendo que todo se lo lleva el viento,
Cuales ramitas rotas por la brizna vespertina,
Entonces ella se percata que no hay nada que pueda necesitar,
Me da un mantel blanco con unas cuantas migajas de piel,
Para sabotear algunas viejas intenciones,
Tales como robar tulipanes rotos gimiendo dolor,
Haciéndome recordar cuando era un amante destrozado,
En el camino a Nueva Orleans.


Estoy cansado a unas cuantas millas de la ciudad,
Así que decido dormir a lado del camino,
Esperando romper con el tedio, en la suprema desesperación,
Caballos delirantes se acerca a mis bolsillos,
Buscan dinero que apostar,
Ya lo había dicho, no cuento con nada para ellos,
Ni siquiera un terrón de azúcar ingeniosa y palpitante,
Me molestan de sobremanera sus quejidos que son exageraciones,
Desprecios a la madre que me extraña en alguna parte,
Pero aun así logro concebir una vertiginosa fase MOR,
Y tengo un sueño con rostros que no conozco,
Que son como ruedas en una carreta cayendo al barranco del olvido,
No se que significa, ni que pudo haber sido,
Pero se que debo continuar caminando aunque sea con las manos,
Y este momento parece haber acabado,
Pero regresa revirándose cada vez más rápido,
Atrasando negocios y preguntas sin responder;
Atravesando mi añoranza por una palabra de Eréndira Ibarra,
Evitando el instante en que pusiste tus labios en mi frente,
En el camino a Nueva Orleans.




- Johnny Dylan & the Nashville Motherfolkers -