Magdalena



Le vi en las colinas, mi colina
inmensa y toda enverdecida,
mi cordillera, la más fuerte de las montañas
ella la corriente de aire que corta el silencio a donde voy.

Es la voz que sale de mi cabeza,
atraviesa mi estómago con la fuerza de un huracán,
no puedo verle cuando da vueltas sobre mí
es la fuerza que mueve mi pecho, que quiebra mis huesos.

Es el verso que salió de las manos del usurero,
viejo que caía donde solían flores antes del invierno,
ella es el océano, tan bravío y temible,
es la crispada ola estrellándose en el puerto,
es la revelación de San Juan, el fin venidero;
llave y puerta, preciosa Magdalena.